8 de Julio, 2008
Herramientas corporativas vs. herramientas domésticas

Leo en el Diario de un Director de Sistemas una más que interesante reflexión. Habla Rafa de cómo los usuarios de los sistemas corporativos perciben que éstos son mucho más restringidos que los que luego utilizan en su “vida personal”. Lo ejemplifica con el uso del correo, donde los usuarios tienen que ver cómo su empresa les restringe el tamaño de sus buzones a 250-500 Mb, mientras que pueden disfrutar de una capacidad prácticamente ilimitada en sus correos web personales (estilo Gmail, etc.).
Podemos fácilmente hacer un caso más general aplicado a prácticamente cualquier tecnología que el usuario pueda comparar en el entorno corporativo y en el entorno doméstico. ¿Por qué no me puedo poner el P2P en el ordenador del trabajo? ¿Por qué tengo que utilizar el móvil que me dan en la empresa en vez de utilizar el mío (que es mejor)? ¿Por qué no puedo instalarme ese software que me resulta tan útil en casa, y aquí no me autorizan? El usuario percibe que no puede ser tan eficiente como lo es en casa, porque la empresa le impone restricciones.
Evidentemente, la empresa tiene sus motivos. Motivos de seguridad (que afectan a los datos y a los equipos), motivos de riesgos legales (¿estaría la empresa cumpliendo la ley si permite que sus usuarios instalen “lo que quieran”?), motivos económicos (¿cuánto le cuesta a la empresa dimensionar, mantener y evolucionar un sistema equiparable a las opciones del usuario?), motivos de homogeneidad (¿se puede dar soporte a decenas de empleados cada uno de los cuales tiene una configuración específica, o soporte para las decenas de herramientas diferentes que cada usuario decide usar?), etc.
Pero, reconociendo esos motivos, lo cierto es que el usuario lo que percibe es una restricción (y normalmente tampoco nadie le explica el “por qué”…). Lo cual pone entre la espada y la pared a las empresas. Primero porque a día de hoy es imposible ejercer un 100% de control y, como muy bien apunta Rafa, “si no somos capaces de darlo, lo buscarán en otro sitio” con lo que al final no se logran los propósitos de la empresa (del control, la homogeneidad, limitación de riesgos, etc.). Pero aún más importante, existe el riesgo de que el usuario perciba esas restricciones como una barrera a dar lo mejor de sí mismo, que vea que la empresa más que darle las herramientas que necesita le está poniendo pequeñas zancadillas, y que, por lo tanto, se produzca un cierto nivel de desvinculación: “vale, si no puedo hacer las cosas a mi modo… pues me limito a cumplir con las políticas y los procedimientos”.
Sin duda, poner la empresa al servicio de los empleados tiene un coste. Pero no hacerlo también lo tiene.
Foto | Irayo


7 comentarios
Totalmente de acuerdo. Además señalaría a ciertos administradores que se empeñan en comportarse como si fueran Merlin el mago y tratan a los usuarios como si no fuesen capaces de comprender su “magia”.
Bueno, creo que no toda la culpa se le puede echar a las empresas… Tiene mucho que ver también con el hecho de que el mundo de la tecnología es tan tan tan rápido, que es muy difícil planificar y mantener las cosas medianamente estables…
Cualquier empresa, por flexible, innovadora y tecnófila que sea, no es capaz de adecuarse al instante a un entorno como lo puede hacer “la persona adecuada”.
Un ejemplo: Todos conocemos a gente que cambia de teléfono móvil cada 6 meses y otra gente que tiene el mismo hasta que se rompe. En el caso de las empresas, aún suponiendo que quieran que tengas las últimas funcionalidades útiles, el gestionar todo esto, que uno mismo lo puede hacer “por amor al arte”, con mucha gente se convierte en un problema…
Otro problema es el entorno tecnlógico tan cambiante, y las facilidades, como usuario, que hay para adaptarse. El software libre, cuando es bueno, corre como la pólvora entre los entusiastas. El esfuerzo extra de acostumbrarse a utilizar una herramienta en lugar de otra se asume “por el progreso”. Además del factor “software pirata”, que hace que utilizar la versión siguiente sea “gratuito”, y no haya que pagar las barbaridades que piden las empresas de software por sus actualizaciones.
El caso de Gmail creo que es muy especial. Cuando salió, ¡era mil veces mejor que cualquier otro, de pago o gratuito!
En una empresa, cambiar de entorno de trabajo, con entusiastas, pero también con gente que no lo es tanto, es un riesgo que se corre. Además de temas como mantenimiento, rotación de personal, etc… Por eso hay empresas que llevan con la misma sistema desde hace mogollón de años…
Si, encima, cada uno tiene que tener su propio sistema mantenido, se hace muy complicado…
Creo que las empresas deberían ser más adaptables en este sentido, y podrían serlo, además de instaurar muchas herramientas que han probado ser muy útiles. Pero para llegar a todo esto, hace falta un cambio de mentalidad (que es lo más difícil) en muchos aspectos para que tanto el jefe te deje libertad para disponer de tu entorno de trabajo como para que respondas con responsabilidad.
Pero estamos volviendo al tema estrella de todo. El trabajo “en red” no como tecnología, sino como cambio en la forma de trabajar, facilitado por la tecnología… Y ese es el quid de la cuestión.
PD: Que conste que estoy totalmente “en contra” (no me gusta) de Messenger y otros temas de mensajería instantánea. No sé si la gente los puede utilizar adecuadamente, pero eso de estar “siempre disponible” no me convence nada. Ese nivel intermedio entre el email y el teléfono no llega a convencerme… Me distrae muchísimo…
Estoy releyendo mi post y no sé si me ha quedado un poco “espeso”, espero que se entienda lo que quiero decir
Jaime, se te “medio entiende” :). A ver, yo entiendo la dificultad que supone para las empresas estar “a la última” y gestionar n (donde n es el número de empleados) necesidades distintas. También asumo que el usuario no se da cuenta de que corre muchos más riesgos por sí mismo que los que una empresa puede correr.
Pero creo que entre el “a cada uno lo que quiera” y el “a todos lo mismo”, habitualmente las empresas se sesgan demasiado hacia lo segundo: una solución facilita, asumible en costes y mantenimiento, uniforme… y los usuarios que se adapten.
Sucede entonces lo que dice Pablo, que los técnicos en vez de explicar la situación a los usuarios (que yo creo que en su mayoría podrían entender el motivo para cierto nivel de restricción; para otro, el que tiene que ver con “es que así es más fácil para el departamento”… probablemente no les importe tanto) se comportan con el tono de “tú no sabes nada”.
A ver. Yo entiendo que no puede haber un libertinaje para cada uno de los empleados.
Pero de la misma forma, he visto casos en que un departamento tenia que calcular encuestas a mano, porque el plan de desarrollo no estipulaba el desarrollo de esa herramienta hasta dentro de un año.
Y a la vez, cuando se planteaba una solución “temporal” desarrollada en PHP y MySQL, para salir del paso hasta que se hiciera el desarrollo definitivo y que se podía realizar en poco tiempo te encontrabas con una negativa cerrada, debido a que el departamento no desarrollaba con esa tecnología.
Entonces es, como comenta Raul, cuando el usuario piensa que en lugar de ayudarle le están poniendo zancadillas.
Tiene que haber un equilibrio, y eso es trabajo de todos, entre ejercer un control inequívoco de la tecnología, y a la vez que ese control, no sea una limitación para los usuarios en lugar de una ayuda.
Si me he enrollado mucho lo siento.
El problema es considerar que la empresa es el sistema desde el que se organiza. La empresa es la que aparece en su globalidad como un restrictor. Pero lo peor no es el caso de la tecnología, lo peor tiene que ver con la restricción de potencialidad derivada del “perfil” de tu puesto de trabajo. Si además sabes alemán, ruso o chino mandarín, pero tu puesto de trabajo no lo demanda, la labor restrictora de la organización avanza a buena velocidad. Las empresas siguen queriendo controlar las capacidades humanas de que disponen: necesitan esto, esto o esto… pues bien, eso quieren, nada más. La sobrecapacidad de las personas es un problema para las empresas. Triste, pero real.
Ah… Raúl, ¿no tienes manera de activar alguna utilidad que permita hacer seguimiento de los comentarios vía correo electrónico? Ayudaríamos a conversar mejor, ¿no? Dicho sea con la mejor de mis intenciones, ya lo sabes.
Saludos. Nos leemos.
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