Hace algunas semanas me hicieron una entrevista para Consumer. En ella, me hacían la siguiente pregunta: “¿Pasa la salida de la crisis por una apuesta en la tecnología?”.

No soy gallego, pero la respuesta no podía ser otra; “depende”.

Al final, la tecnología es un medio, no un fin en sí misma. [...] sólo si la ponemos al servicio de la búsqueda de soluciones estaremos pulsando las teclas adecuadas.

No cabe duda de que la tecnología permite grandes mejoras en los procesos operativos de las organizaciones. Pero… ¿toda la tecnología? ¿en cualquier caso? ¿a cualquier coste?

Las empresas (muchas veces impulsadas por asesores y consultores que tienen un evidente interés por “colocar” su producto por encima del grado de necesidad real de los negocios) inician una carrera desesperada “hacia lo tecnológico” en la que avanzan sin rumbo y dejándose muchos euros en el camino. Un ERP, un CRM, un nuevo parque informático, un… “lo que sea”. Proyectos millonarios que se eternizan en el tiempo y que acaban por ser una solución “a medias” (en el mejor de los casos) a las necesidades reales.

Cualquier acercamiento a la tecnología debe, en mi opinión, pasar por un obligatorio filtro de análisis “coste-beneficio”, a ser posible realizado desde la propia empresa o con la ayuda de un consultor independiente que no esté ligado al proveedor de la solución. ¿Qué va a aportar esta tecnología? ¿Ahorraremos dinero, seremos más productivos, mejorará la calidad¿ Y por el otro lado… ¿qué costes acarrea su adopción? ¿Cuánto dinero, tiempo, y esfuerzo? ¿Qué costes de arrastre implica?

Y si efectivamente el análisis resulta positivo, adelante. Pero si no, quizás la decisión más adecuada en ese momento resulte “pasar”. La tecnología por la tecnología no es la respuesta. La tecnología al servicio de los objetivos del negocio sí.

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