22 dAmerica/Chicago Septiembre, 2008
Revolución 2.0 y ranas hervidas

Hay quien siente ya cierto empacho del término “2.0″, y que encuentra exagerado el abuso del concepto y la exaltación de sus bondades. Pero, a pesar de todo, yo sigo pensando que estamos viviendo una aunténtica revolución, aunque no nos demos cuenta.
¿Por qué revolución? Pensemos en cómo era el mundo de la comunicación hace muy poco tiempo. Sólo un porcentaje muy pequeño de la población tenía el control de los medios de difusión masiva. Los que tenían los recursos económicos eran los que podían tener una radio, una televisión, un periódico… desde el que emitían sus mensajes de forma unidireccional hacia una audiencia eminentemente pasiva que, en el mejor de los casos, podía expresarse únicamente en el ámbito de su entorno más próximo (en casa, en la oficina, en el bar con los amigos…).
Pero en los últimos tiempos estamos asistiendo a la generalización de herramientas que permiten que cualquiera con un mínimo nivel de conocimientos, y con un coste limitado, pueda crear sus contenidos y difundirlos de forma inmediata de forma global. ¿Nos damos cuenta de lo que eso significa? Cualquiera que sepa aporrear un teclado y usar un navegador web puede hacer llegar sus reflexiones a millones de personas. Cualquiera que sepa hacer click en una cámara de fotos puede mostrar el resultado a todo el mundo. De forma inmediata, sencilla y (casi) gratuita, todos podemos convertimos en medios.
Este cambio de paradigma (de la comunicación unidireccional dirigida por los poderosos a la comunicación multidireccional protagonizada por cualquier individuo) tiene un potencial enorme para cambiar la forma en que entendemos el mundo, las relaciones sociales, el flujo de información, la política, la comunicación… y es por eso que a mí se me antoja revolucionario.
Obviamente, se puede argumentar que dicha tecnología no está a disposición, todavía, de todo el mundo. Y que entre quienes sí tienen acceso a ella, no todos hacen un uso en este sentido. Y que todavía los medios de comunicación tradicionales (y con ellos el esquema de comunicación unidireccional) siguen dominando el panorama. Y es cierto, sí, pero…
Dicen (nunca lo he comprobado) que es imposible echar una rana en un cazo con agua hirviendo. Al notar la rana el cambio brusco de temperatura, reacciona inmediatamente saltando fuera del agua. Si queremos cocer una rana, lo que tenemos que hacer es meterla en el cazo cuando el agua está templada para, poco a poco, ir elevando la temperatura. La rana, al estar ya en el agua y no percibir el cambio brusco de temperatura, no reacciona. Cuando el agua llega a la temperatura de cocción, tendremos una rana hervida.
Nosotros estamos en el agua, y el agua está templada. Es verdad, la revolución todavía no ha llegado, el agua no está hirviendo, posiblemente hasta esté demasiado fría aún. Pero la temperatura se está elevando poco a poco. Cada vez son más las personas que hacen uso de las posibilidades que les brinda la tecnología, convirtiéndose en medios, transformándose de audiencia pasiva en “prosumers” (productores a la vez que consumidores) activos, saliéndose del dominio de los medios tradicionales. Cuando nos queramos dar cuenta, habrán alcanzado una masa crítica que haga que las cosas empiecen a cambiar. El agua empezará a hervir. Y los que no se hayan dado cuenta de por dónde estaban evolucionando las cosas, y no se hayan preparado, acabarán como ranas hervidas.


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