Tortuga

El otro día, en el (muy interesante: el post y sus comentarios) post sobre iBanesto y sus iniciativas 2.0 en eTC, David Durán hacía una pregunta muy interesante: “¿cuánto tiempo transcurre desde que una empresa no 2.0 (no me gusta el término analógica) pasa a considerarse 2.0?

Me pareció una pregunta brillante, y con mucha miga. Y no pude dejar de dar mi opinión.

Creo que el periodo de evolución de una empresa “no 2.0″ hacia “lo 2.0″ es entre largo y muy largo. Es un proceso de cambio cultural, y no sucede de la noche a la mañana, ni por poner en práctica acciones sueltas “que parecen 2.0?. No sólo hay que implementar una tecnología, o cambiar unos procesos, o darle un barniz al lenguaje de comunicación. Es, esencialmente, un cambio de mentalidad, de valores, de actitudes. Y eso, como bien sabe cualquiera que haya participado en procesos de cambio, lleva su tiempo.

De hecho, dándole la vuelta al argumento, me atrevería a decir que, simplemente, las empresas no pueden ser 2.0. Quienes son 2.0 (tienen los valores, las actitudes, saben manejar las herramientas…) son las personas. Y creo que hasta que no hay una masa crítica real de personas dentro de la organización que son, individualmente, 2.0… no se puede hablar de que la empresa lo sea.

Sí, la empresa puede establecer unas políticas, o implantar unas herramientas que faciliten ese proceso, o proporcionar un ecosistema favorable, o hacer que la maquinaria de comunicación “exhiba” sus iniciativas puntuales. Pero si las personas no entran en esa dinámica, no habrá servido para nada.

Y cuando hablo de masa crítica, es que es necesaria para evitar que “ser 2.0″ sea una cuestión de iniciativa de uno o dos individuos. ¿Qué pasa entonces si esos individuos abandonan la empresa? ¿Deja la empresa de ser 2.0? Tiene que ser una actitud generalizada, no excepcional.

En definitiva, que montar un blog cuesta poco. Cambiar actitudes cuesta muchísimo más.

Foto | Motleypixel

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