3 de Diciembre, 2008
La fiabilidad de las fuentes

El otro día, en el transcurso de una sesión del curso de formación 2.0, debatíamos sobre los aspectos positivos y negativos que tiene todo esto de la “web 2.0″ sobre el panorama empresarial. Y dentro de los aspectos negativos, alguien mencionó “la fiabilidad de las fuentes“.
Es cierto. Internet, y las herramientas de creación y distribución de contenido que pone a nuestra disposición, permite que, sin barrera técnica o económica, cualquiera pueda decir a los cuatro vientos lo que se le pase por la imaginación. Eso incluye rumores malintencionados, noticias falsas, planteamientos equivocados… que salen al mundo sin pasar ningún tipo de requisito previo.
Para muchos, esta situación es intrínsecamente peor que la que teníamos antes, cuando la existencia de barreras técnicas y económicas dejaba en manos de algunos pocos (desde los monjes que copiaban manuscritos a los directores de los periódicos, las editoriales de libros, los canales de televisión, etc.) la decisión sobre qué contenidos debíamos conocer y cuáles no, cuáles se difundían y cuáles se acallaban. Muchos piensan que ese filtro era bueno, que el presunto rigor del proceso de selección editorial ayudaba a eliminar los contenidos cuya calidad, veracidad… no diese la talla. Y lo siguen sosteniendo. Aunque, en mi opinión, la línea que separa el “servicio público” de la “manipulación interesada” (por motivos comerciales, políticos, etc.) es tan delgada, por no decir inexistente, que invalida en gran medida el argumento.
El caso es que, sea como fuere y guste más o guste menos, la situación ahora ha cambiado y el libre acceso a la generación y difusión de contenidos es un hecho. Lo cual nos arroja a un escenario de contenidos intrascendentes, equivocados, malintencionados… y también algunos brillantes, profundos, rigurosos y desbordantes de pasión y conocimientos que, por unas causas o por otras, antes tampoco pasaban el filtro de los “medios editoriales”. Las fuentes se han diversificado y multiplicado hasta el infinito.
¿Y qué podemos hacer para separar el grano de la paja? Algo que nunca debíamos haber dejado de lado: ejercitar nuestro propio criterio y capacidad crítica. Porque durante demasiado tiempo hemos confiado en unos filtros que, bajo la apariencia de imparcialidad, nos han manipulado. No todo lo que sale en la tele es verdad, ni todo lo que dicen los periódicos es objetivo y desinteresado. Y sin embargo, nos hemos dejado guiar por ellos casi a ciegas.
Y ceder parte de esa labor de filtro a nuestra red social, esas personas a las que conocemos, a las que respetamos y en cuyo criterio confiamos, que no tienen ningún interés en manipularnos y en cuyas recomendaciones vamos a encontrar muchísimo valor. Es nuestra tarea irle dando forma a esa red, haciéndola crecer, podándola cuando sea necesario… para poder obtener el máximo de ella.
Foto | Alpha Six


7 comentarios
Una forma de ver tu “red social” es como una «meta mesa de redacción» personal donde filtrar las propuestas de los informadores y redactores para decidir qué sale cada día (lo que vamos a leer).
Menéame lo hace a su aire (comunidad sui géneris que juega con las “noticias”).
Gemma Ferreres escribió algo sobre la «mesa de redacción» hace unos años.
Interesante lo de la “mesa de redacción”. Aunque al final se trata de volver a hacer lo de siempre: que “un medio” (en este caso más participativo, etc.) haga de filtro. Meneame también hace algo parecido, y tampoco me gusta precisamente por eso: el criterio para seleccionar las noticias es “lo que opina la masa” (una masa sesgada, además), que no tiene por qué ser lo que me interese a mí.
Lo que yo defiendo es que cada uno tenemos que tener nuestra propia red independiente (formada por las personas en las que confiamos: que las mías no tienen por qué ser las mismas que las tuyas, igual se solapan un poco, o igual no). Corank era la idea que, para mi gusto, más se acercaba a plasmar el concepto en forma de herramienta: pero en el fondo, tampoco hace falta ninguna herramienta, sino que cada uno de nosotros nos la configuramos (quiénes seguimos en twitter, qué blogs tenemos en el feed, de quién aceptamos elementos compartidos de GReader, etc.)
Muy interesante reflexión. Totalmente de acuerdo. Voy a reenviar tu artículo a unos cuantos que yo me sé…
Aunque no soy un “aborigen” digital, confieso que estoy bastante de acuerdo con el artículo. Pero como hay que poner en solfa todo, ahí van algunas puntualizaciones.
No se puede cambiar el dicho antiguo de. “…es que lo ha dicho la tele o tal peródico” por el de “…es que lo he leido en internet”. Internet es una herramienta y un soporte. Pero la diferencia está en que la propiedad de la tele o el periódico tiene un filtro más o menos conocido que, si somos algo críticos, nos hace desbrozar la paja del trigo.
En internet la “democratización” (con comillas)de la información no te permite conocer la solvencia o la trayectoria de la fuente de la que estás recibiendo la información.Y eso puede estar bien…y TAMBIÉN puede no estar tan bien. (Yo, personalmente creo mas en las tesis de un historiador “serio” sobre un acontecimiento lejano, que en las leyendas populares sobre el mismo suceso)
Efectivamente lo que hay que hacer es “ejercitar nuestro propio criterio”. Fundamental. Pero ello no creo que nos tenga que llevar a desconfiar de “filtros tradicionales”, o mejor dicho de fuentes tradicionales de contrastado prestigio y reconocimiento. La diversificación es una de las razones o de las motivaciones fundamentales de la persona bien informada. Pero también es cierto y demostrado, que el exceso de información produce desinformación.
Y acabo ¿son fiables las fuentes en internet? Pues depende, como en cualquier otro soporte. Ni más ni menos. Lo que hay que preguntarse es si los usuarios ( y me refiero a los millones y millones de “audiencia” que tiene, en términos televisivos)saben, se les ha enseñado, están capacitados o se preocupan de que cuando tienen que buscar una información, mirar la fuente que la produce puede ser tan importante como la propia información en si misma.
Tomás, gracias por tus palabras.
Correadecomunicación, estamos esencialmente de acuerdo, pero hay un par de puntos en los que discrepo.
“internet no permite conocer la solvencia y trayectoria de la fuente”… pues discrepo. Si yo digo algo, puedes ver mi trayectoria completa. Si me sigues durante x tiempo, puedes valorar mi solvencia (o la falta de ella). En definitiva, puedes examinar tú mismo a tus fuentes. Obviamente eso requiere tiempo (”lo he visto en un blog” no vale, habrá que valorar en qué blog, quién lo ha dicho, etc.) y descarta determinados contenidos en internet (los que se publican de forma anónima, etc.)
Y me parece bien tu puntualización de “reconocido prestigio y reconocimiento”. Ése es el punto clave, y da igual si esa fuente está en un medio tradicional o en internet. Lo que importa es el presgitio y el reconocimiento. A lo que voy es que es posible encontrar eso en cualquier canal, igual que es posible encontrar “falta de rigor e intereses partidistas” tanto en los filtros tradicionales como en los nuevos.
Por lo tanto (y ése es el punto de mi post) no se puede asumir que “medio tradicional=fiabilidad” e “internet=poca fiabilidad”. La fiabilidad no depende del canal, sino de la fuente.
Finalmente, coincido al 100% con tus dudas del último párrafo. Pero ésa es otra historia…
[...] Digitalycia: La fiabilidad de las fuentes [...]
Muy interesante y cierto!!