Lupa

El otro día, en el transcurso de una sesión del curso de formación 2.0, debatíamos sobre los aspectos positivos y negativos que tiene todo esto de la “web 2.0″ sobre el panorama empresarial. Y dentro de los aspectos negativos, alguien mencionó “la fiabilidad de las fuentes“.

Es cierto. Internet, y las herramientas de creación y distribución de contenido que pone a nuestra disposición, permite que, sin barrera técnica o económica, cualquiera pueda decir a los cuatro vientos lo que se le pase por la imaginación. Eso incluye rumores malintencionados, noticias falsas, planteamientos equivocados… que salen al mundo sin pasar ningún tipo de requisito previo.

Para muchos, esta situación es intrínsecamente peor que la que teníamos antes, cuando la existencia de barreras técnicas y económicas dejaba en manos de algunos pocos (desde los monjes que copiaban manuscritos a los directores de los periódicos, las editoriales de libros, los canales de televisión, etc.) la decisión sobre qué contenidos debíamos conocer y cuáles no, cuáles se difundían y cuáles se acallaban. Muchos piensan que ese filtro era bueno, que el presunto rigor del proceso de selección editorial ayudaba a eliminar los contenidos cuya calidad, veracidad… no diese la talla. Y lo siguen sosteniendo. Aunque, en mi opinión, la línea que separa el “servicio público” de la “manipulación interesada” (por motivos comerciales, políticos, etc.) es tan delgada, por no decir inexistente, que invalida en gran medida el argumento.

El caso es que, sea como fuere y guste más o guste menos, la situación ahora ha cambiado y el libre acceso a la generación y difusión de contenidos es un hecho. Lo cual nos arroja a un escenario de contenidos intrascendentes, equivocados, malintencionados… y también algunos brillantes, profundos, rigurosos y desbordantes de pasión y conocimientos que, por unas causas o por otras, antes tampoco pasaban el filtro de los “medios editoriales”. Las fuentes se han diversificado y multiplicado hasta el infinito.

¿Y qué podemos hacer para separar el grano de la paja? Algo que nunca debíamos haber dejado de lado: ejercitar nuestro propio criterio y capacidad crítica. Porque durante demasiado tiempo hemos confiado en unos filtros que, bajo la apariencia de imparcialidad, nos han manipulado. No todo lo que sale en la tele es verdad, ni todo lo que dicen los periódicos es objetivo y desinteresado. Y sin embargo, nos hemos dejado guiar por ellos casi a ciegas.

Y ceder parte de esa labor de filtro a nuestra red social, esas personas a las que conocemos, a las que respetamos y en cuyo criterio confiamos, que no tienen ningún interés en manipularnos y en cuyas recomendaciones vamos a encontrar muchísimo valor. Es nuestra tarea irle dando forma a esa red, haciéndola crecer, podándola cuando sea necesario… para poder obtener el máximo de ella.

Foto | Alpha Six

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