Ovillos

De un tiempo a esta parte, con la eclosión de las “redes sociales en internet“, podemos observar un montón de gente intentando subirse al carro de las redes sociales. ¿Objetivo? Lanzar un proyecto (una red generalista, o temática, o centrada en un colectivo demográfico determinado, o…) que atraiga a un número creciente de personas que inviten a sus amigos, crecimiento exponencial, muchas páginas vistas, web de referencia… un pelotazo, vamos.

Y en este empeño vemos intentos de todo tipo. Algunas con funcionalidades sorprendentes, con diseños muy cuidados, con inversión en publicidad, repercusión en prensa… y en las que, a pesar de ello, cuando entras tienes la sensación de que “no hay nadie allí”; más allá del número de usuarios (que no es una métrica relevante: yo mismo soy usuario de muchos sitios en los que fui, hice mi perfil y no volví nunca más) percibes que a pesar de la inversión no hay apenas actividad, no hay “comunidad”. Preguntas sin respuestas, foros actualizados por última vez hace semanas o meses, dos o tres usuarios que aparecen recurrentemente…

Esta constatación me hace concluir que el secreto para el éxito de una red social no está necesariamente en las funcionalidades, en el diseño, en la publicidad o en las relaciones públicas. Está en esto tan volátil que se llama comunidad.

Y creo que la mejor forma de formar una comunidad es resolver necesidades reales de un grupo concreto de personas. Y cuando hablo de “grupo concreto” me refiero a personas de carne y hueso, con nombre y apellidos, no a colectivos segmentados demográficamente desde un despacho pensando “sí, a este grupo de personas les gustará esto” o “éste es un target comercial interesante”.

Adoptar este enfoque tiene, desde mi punto de vista, una serie de ventajas:

  • Centrarse en resolver la necesidad real (y no las que creemos que existen) hace que los usuarios se vinculen desde el primer momento al uso de la herramienta, porque les ayuda efectivamente. Es útil. En el fondo es la esencia de cualquier negocio: resolver necesidades
  • Involucrar desde el principio a un nucleo pequeño de usuarios determinados (con quienes se desarrolla una relación mucho más próxima, de carácter incluso personal) permite que se vaya fraguando un germen de comunidad real. A medida que se incorporan otras personas van encontrando ese inconfundible aroma de “familiaridad” que hace que se queden
  • Basar el desarrollo de nuevas funcionalidades en las prioridades y demandas de estos usuarios iniciales en vez de una “hoja de ruta” parida en el laboratorio genera un producto mucho más adaptado a las necesidades reales de los usuarios-tipo
  • Unos usuarios involucrados se convierten en fans/embajadores, y como tales en los mejores (y más baratos, de paso) canales de difusión que se pueda uno imaginar. A partir de ese núcleo inicial, la capacidad de atraer a otros usuarios del perfil deseado y con elevado grado de vinculación inicial crece de forma exponencial

Así que si estás pensando en desarrollar un sitio social… ¿cómo se llaman la personas a quienes les vas a resolver un problema?

Foto | Menes on the rocks

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