Corren malos tiempos para los profesionales de los contenidos. En el mundo editorial, en la prensa, en la música, en la fotografía… todos se ven afectados por el “virus 2.0“.

Y es que en los últimos años, el desarrollo y abaratamiento de la tecnología posibilita que cada vez haya más gente en disposición de utilizar medios de producción antes reservados a los profesionales. Y si bien esto provoca que el nivel medio de calidad de los contenidos descienda (porque el mero uso de las herramientas no provoca por sí mismo una mayor calidad), aplicado sobre el gran volumen de personas posibilita que el número de contenidos de calidad notable, equiparable al de los profesionales pero creado por amateurs, se incremente.

Y a eso hay que unir que la configuración de Internet como un medio masivo de difusión de contenidos hace que los profesionales hayan perdido el control de la distribución de los mismos: cada vez hay menos espacio para un canal de distribución exclusivo para profesionales, ya que los amateurs disponen de las mismas posibilidades para difundir su obra, además en un entorno absolutamente global.

De esta forma, la situación para los profesionales de la creación de contenidos ha sufrido un empeoramiento notable, basada en una mayor competencia (formada por profesionales de todo el mundo que compiten en un mercado global, además de por amateurs que acceden a posibilidades de producción y distribución equivalentes a los de los profesionales con unas expectativas de retribución muy inferiores o directamente inexistentes) y una banalización de los contenidos, ya que la sobreabundancia, unida al carácter amateur de muchos de sus productores, hace cada vez más difícil poner en valor la creación de contenidos profesionales (si lo puedo conseguir de calidad casi igual pero mucho más barato, o incluso gratis… ¿por qué voy a pagar lo que tú me pides?).

Por lo tanto, sectores que antes vivían de una cierta exclusividad (bien por la barrera de acceso a la tecnología, o por el control de los canales de distribución), ahora se han visto inundados por una competencia imprevista que, a muchos, les ha pillado con el pie cambiado. Sin duda, vivían mejor antes: menos competencia, mejores precios, más márgenes… pero todo eso se terminó, el mundo ahora es diferente, y sólo queda adaptarse a él… o desaparecer.

Entradas relacionadas