El otro día, preparando la charla que iba a dar en ULMA, caí en la cuenta de una cosa. Siempre que hablamos de 2.0 y empresas, surgen ejemplos muy ligados a determinado tipo de productos: que si música, gadgets, películas, viajes… todo productos de consumo, susceptibles de generar conversación entre usuarios y, por lo tanto, ese “boca-a-oreja” que se transmite a través de las nuevas herramientas.

Sin embargo, hay otro ámbito muy grande de productos y empresas que no entran en esta categoría. Como decía en la charla, en entornos industriales los productos no suelen constituir por sí mismos “objetos sociales” (¿alguien se imagina creando un blog sobre “hormigon polímero” o sobre tornillos?). Además, las estructuras competitivas de estos sectores industriales suelen ser mucho más cerradas (un número limitado de proveedores, competidores y clientes, donde todo el mundo conoce a todo el mundo) y por lo tanto el impacto potencial de “las opiniones en internet” es muy limitado.

¿Significaría esto, entonces, que el sector industrial quedaría al margen de “lo 2.0″? De cara a mi charla, en un entorno claramente industrial, traté de reflexionar sobre otros ámbitos (no directamente vinculados a los productos) en los que “lo 2.0″ tendría impacto en este tipo de empresas. Y me centré en cuatro aspectos concretos:

  • Posicionamiento como empleador: pese a que la situación actual haga parecer que las empresas tienen la sartén por el mango a la hora de realizar posibles contrataciones, lo cierto es que la llamada “guerra por el talento” sigue y seguirá activa en la medida en que contar con el mejor equipo humano es clave para el sostenimiento de las empresas. Ahora, los anuncios de media página de “empresa líder en el sector blahblahblah… ofrece carrera atractiva blahblahblah…” pueden ser contrarrestados por las opiniones de primera mano de trabajadores de esa empresa. Tanto si es un buen lugar para trabajar como si es lo contrario, esas opiniones fluirán y estarán a disposición de posibles candidatos.
  • Responsabilidad social corporativa: el énfasis de las empresas por generar un impacto positivo en la sociedad que les rodea suele plasmarse, a final de año, en una pomposa “memoria de responsabilidad corporativa”. Sin embargo, ahora los miembros de esa sociedad pueden, a través de su participación, ofrecer su visión de dicho impacto, reforzando o minando los esfuerzos de la organización.
  • Establecimiento de redes internas/externas: frente al tradicional esfuerzo de las empresas por controlar los flujos de información, la existencia de herramientas sociales permite el establecimiento y mantenimiento de numerosas relaciones (tanto internas como externas) entre individuos. Relaciones que pueden ser un vehículo magnífico para la transmisión de conocimiento o el fortalecimiento de una cultura a un ritmo que ningún sistema o procedimiento está en condiciones de igualar, pero que como contrapartida implica una pérdida de control por parte de la empresa.
  • Relaciones laborales: en situaciones de conflicto, especialmente en entornos distribuidos, las herramientas “2.0″ ofrecen a los trabajadores un canal para la organización y difusión de sus posiciones

En general, podríamos decir que se trata de cuatro aspectos que tradicionalmente han estado bajo un control riguroso por parte de la empresa: con un adecuado control de los canales de comunicación y una inversión determinada, podía controlarse el mensaje que se lanzara (a potenciales empleados, a la sociedad en general, al colectivo de trabajadores) mientras que la contraparte tenía muchos menos medios a la hora de manifestar sus opiniones. Sin embargo, con las herramientas de la web 2.0, ese desequilibrio tiende a corregirse y tanto para lo bueno como para lo malo existe capacidad, por parte de los afectados, de ofrecer su propia visión más allá del control de la empresa.

Por lo tanto, aunque de una forma menos evidente y directa, también en el entorno industrial tiene un impacto significativo la adopción de herramientas 2.0, y por lo tanto merece la pena parar a reflexionar sobre las oportunidades y riesgos que se pueden derivar de esta situación.

Foto | Extranoise

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