9 de Junio, 2009
Cerrando las puertas a las empresas molestas
Durante muchos años, hemos tenido que convivir con una visión del marketing basada en molestar: escuchábamos música en la radio y, cada rato, nos enchufaban unos anuncios. Veíamos una peli en la televisión, y cada rato nos la cortaban para meternos unos anuncios. Abríamos el buzón y teníamos que buscar las (pocas) cartas interesantes entre un mar de folletos publicitarios. Íbamos andando por la calle y nuestra vista se posaba en grandes cartelones. Estábamos tranquilamente en casa, y sonaba el teléfono para molestarnos. Navegábamos por internet y surgían banners, popups e intersitials por doquier. Todas estrategias comparten una misma característica: están pensadas para distraernos de lo que nosotros queremos hacer (ver una película, escuchar música, pasear tranquilamente por la calle, leer los contenidos de la web o estar tranquilos en casa) para intentar llevar nuestra atención a un producto comercial.
Lamentablemente, el mundo sigue siendo esencialmente así. ¿O no?
Alguna de las herramientas de comunicación e interacción que están surgiendo en el ámbito de la llamada “web 2.0″ incluyen, por su propia definición, unas características que permiten mantenerse a salvo de los esfuerzos de las empresas por molestarnos e interrumpirnos para lanzarnos sus mensajes comerciales.
Así, cada usuario puede mantener el control de qué contenidos quiere leer, y a qué usuarios quiere seguir… y de cuáles no quiere saber nada. Esto supone un cambio importante para las empresas, acostumbradas a que pagando podían acceder prácticamente a cualquier sitio. Pero ahora resulta que no, que hay un espacio en el que el usuario tiene el control.
Esto es algo que muchas empresas y muchas marcas todavía no han entendido. Acceden a estos nuevos “medios sociales” con la misma mentalidad con la que han ido “colonizando” los demás. Crean sus usuarios y se dedican a lanzar su parafernalia publicitaria. ¿Consecuencia? Como decía la canción, los destinatarios de esos esfuerzos “cerramos la muralla” y las marcas se encuentran lanzando sus mensajes sin que éstos lleguen a ningún sitio.
La gran diferencia, en este ecosistema, es que como usuarios, como clientes potenciales.. decidimos si dejamos a la empresa y su mensaje comercial entrar o no. Y no solo eso, sino que más le vale que no nos cansemos de ella, porque si no simplemente las volveremos a echar de nuestro círculo de atención.
La pregunta es… ¿están todas las empresas preparadas para asumir este cambio de mentalidad? ¿cómo se pasa de “comprar atención” de los clientes a base de molestarlos a una situación en la que sean ellos los que decidan voluntariamente entregarse?


2 comentarios
[...] hermenéutico; y en DigitalyCia advierten de que los viejos tiempos despóticos se acabaron, en Cerrando las puertas a las empresas molestas. Quizá si entendiesen que Internet no es un medio les iría algo mejor, como apunta Fernando Polo. [...]
Los clientes siempre han ido años por detrás de la gente de a pie, mientras ese retraso se reflejaba en la creatividad de unos formatos cerrados no pasaba nada. Ahora ese retraso responde al contenido, la forma y el espacio, el cambio es tan radical que los departamentos de marketing de la mayoría de las empresas van perdidos. No saben donde mirar, y lo que es peor, en quien confiar su dinero. En esta guerra todos prometemos resultados para obtener el cheque, y todos sabemos que son promesas vacias, queremos que inviertan en nuestros experimentos de marketing y por ello les prometemos resultados, que de buena tinta sabemos que son intangibles.
Cuanto antes clientes, agencias de publicidad y agencias de medios sean sinceros los unos con los otros y trabajen en conjunto antes podremos adecuarnos a nuestro tiempo; mientras la agencia diga que todo es más fácil y excitante de lo que es, los clientes pidan resultados tangibles y los de medios sigan diciendo que los spots son lo mejor (lo que más beneficio genera para ellos curiosamente…) no iremos nadie a ninguna parte, en fin…
Felicitaciones por el blog!