19 de Abril, 2010
Tiritón
He encontrado este vídeo, aunque no es la canción que yo recuerdo (”Tiritón, de Berjusa… ¡y tirita de verdad!”). Pero me vale. El “Tiritón” fue un muñeco que se comercializó en los años 80, y que los Reyes le trajeron a mi hermana. Si metías al muñeco en el agua, un sensor lo detectaba y activaba un motor que hacía tiritar al muñeco. ¡Qué sensación! ¡Un muñeco que tirita! La publicidad incidía sobre este aspecto novedoso. Tengo el recuerdo de la primera vez que se desempaquetó el muñeco en casa: toda la familia llenó una bañerita, y nos quedamos mirando cómo efectivamente el muñeco tiritaba.
Calculo que haríamos tiritar al muñeco unas cuatro o cinco veces más. Pasada la sorpresa inicial, resultó que lo de tiritar era, básicamente, aburrido. Vale, lo metes en el agua, tirita… ya lo he visto. ¿Y ahora qué? El muñeco pasó a ser uno más puesto encima de la cama, junto con todos los demás, y nunca volvió a tiritar.
¿Y por qué me ha venido a la mente la batallita del Tiritón? Uno no deja de pensar en la cantidad de productos (dispositivos, aplicaciones, webs, proyectos) que salen al mercado y que se parecen mucho al Tiritón. Tienen algún aspecto llamativo, novedoso, del que todo el mundo habla. La gente se graba videos mostrando esa funcionalidad, la publicidad se articula entorno a ella, y el fabricante se frota las manos pensando en el sobreprecio que podrá pedir a cambio… factor WOW que le llaman.
Pero… ¿qué sucede tras la tercera o cuarta vez que lo usamos? El factor sorpresa desaparece, y entonces… ¿qué nos encontramos? Habrá productos verdaderamente sólidos, que además de ese “factor WOW” estén bien concebidos, respondan a necesidades reales y lo hagan de forma solvente, por lo que acabarán integrándose en nuestro día a día y resultando útiles. Y habrá otros que no, que sólo sean una fachada llamativa tras la que no hay nada. Y acabarán, como acabó el “Tiritón”, cogiendo polvo (físico o virtual). Dinero tirado a la basura.
Desde el punto de vista del consumidor, es muy importante estar atentos a posibles “Tiritones” antes de que asalten nuestras carteras. Analizar bien si detrás de ese factor “wow” hay una utilidad real que merezca la pena. Porque si no, estaremos pagando dinero por un conjunto de fuegos artificiales: bonitos, sí, pero efímeros y superficiales.
Pero desde el punto de vista del productor (lo mismo da que sea un producto físico, una aplicación, un servicio) ¿qué hacemos? Porque lo cierto es que los “Tiritones” son llamativos, están en boca de todos y finalmente se venden… Posiblemente, como decía Aristóteles, en el punto medio esté la virtud. Si queremos triunfar a largo plazo, necesitamos que lo que ofrecemos sea sólido, solvente, que responda bien a necesidades reales de los potenciales consumidores. Si lo hacemos así conseguiremos que una vez superado el revuelo inicial sean nuestros productos los que permanezcan, aquéllos de los que los clientes dicen “al final, lo que me funciona es esto”. Pero también necesitaremos complementarlo con algo de “factor wow” que nos ayude a tener visibilidad, a llegar a nuestros potenciales consumidores, a que nos den una oportunidad. Porque, lamentablemente, lo que a todos nos llama la atención son lo que dicen los ingleses “bells & whistles“.


2 comentarios
Wii (Nintendo) = Tiritón
Gran post
Yo de pequeña jugue muñisimo con el tiritón.Me lo trajeron los Reyes con 6 años y jugue hasta los 11 con él.Un día mi padre me ridiculizó diciendo “con 11 años ya debes tener la regla y aún juegas con el tiritón”.Pase tal vergüenza que al final a los 14 años lo tiré a la basura porque cada vez que veía a mi muñeco me acordaba de aquellas palabras.Evidentemente con 14 años ya no jugaba pero para mi era un muñeco de colección. Mi prima también lo tuvo y lo tuvo muchos años también.
Hablando con chicas que rondan mi edad, éste fue un muñeco con el que jugamos mucho. De hecho mi vecina con37 años aún lo conserva y viste según la estaci´´on del año que es y mi hija de 8 años cuando baja a su casa juega mucho con este muñeco.A mi me gustaría mucho conseguir uno.Por cierto el mio se llamaba David y el de mi prima Eva.A ella también le gustaría conseguir uno. No fue un muñeco cualquiera.Aun recuerdo como se me encogio el estomago cuando lo tiré al container. Estoy segura que mis hijas jugarían mucho con él.