No hace mucho, un (potencial) cliente me pedía opinión sobre “marketing online” para su negocio web. En un vistazo preliminar a su página, entre otras cosas, vi que a nivel SEO prácticamente no tenían nada en condiciones. Por curiosidad, cliqué en el enlace de la empresa que había desarrollado la página… y veo con sorpresa que uno de los servicios de los que presumen es de “posicionamiento en buscadores”. Incluso tienen artículos reseñando los “puntos básicos del posicionamiento”, donde dicen que “es siempre recomendable optar por un servicio profesional de diseño web como el que ofrecemos”.

Cuando lo comenté con el cliente, me dijo muy serio que la web la habían hecho unos expertos…

A ver, yo no sé mucho de SEO. Sé cuatro cosas básicas. Y la web no cumplía ninguna de ellas. De hecho, analizando las estadísticas que me pasaban, el porcentaje de tráfico procedente de buscadores alcanzaba la mareante cifra del 2,5%…. pero el cliente estaba convencido de que, como la web se la habían hecho “unos expertos”, estaba bien.

Resulta sencillísimo autocalificarse “experto” en cualquier cosa. Y es gratis. Por esa misma razón, uno debería desarrollar un cierto sentido crítico y una cierta precaución frente a quien alardea de “experto”. Personalmente, mi primer pensamiento es “ya será menos”. He conocido gente que sabía mucho de muchas cosas; precisamente esa gente es la que menos tiende a autodenominarse “experto” en nada.

Yo soy de darle mucho más valor a las opiniones de terceros. Si alguien a quien respeto y aprecio dice “ése sí que sabe”, creeré en él a pies juntillas. Pero si no encuentro a nadie que le avale… ya puede ir pregonando a los cuatro vientos su nivel de experto, que por lo que a mí respecta, y hasta que no me demuestre lo contrario, no pasa de fantasma.

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