Me guardé hace unos días esta presentación de Javier Megías para verla con más calma, ya que trata de uno de los retos más interesantes que tienen las organizaciones en la actualidad: ¿cómo adaptarse a las exigencias del entorno?

Soy de los que piensa que los “viejos modos” basados en el control, la estandarización, las políticas y procesos, el “de arriba abajo”… ya no son sostenibles. Fueron eficientes, y mucho, cuando el mundo era de otra forma. Pero la velocidad a la que todo cambia a día de hoy hace muy difícil que esas organizaciones puedan reaccionar con la suficiente agilidad.

Lo cierto es que, para ser sinceros, este “mantra” lo llevo oyendo (y participando de él) más de 10 años. Y aquí seguimos. La lógica del razonamiento parece clara, pero… ¿cuántos casos de éxito en implantación de este tipo de organizaciones podemos citar? Tengo la sensación de que, cuando se intenta llevar a la práctica, surgen muchos inconvenientes. Los principales, sospecho, la falta de confianza, el miedo a perder el control por parte de quienes lo tienen… y el miedo a asumirlo por parte de quienes ahora se limitan a “seguir los dictados” de otros.

Estoy leyendo un libro que tiene mucho que ver con todo esto. Es “El fin de semana de 7 días“, de Ricardo Semler, un tipo que apostó por desarrollar estas nuevas formas de organización en su empresa. En contra de lo que pueda aparentar por su título (que parece enfocado a una especie de “autoayuda” para trabajar menos), el libro relata la interesante experiencia de Semler, especialmente cuando cuenta todas las dificultades y resistencias que ha tenido que vencer… incluídas las suyas propias.

En fin, que la teoría parece clara. ¿Y la práctica? Más difícil. Como siempre.

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